
Mis latidos son calmos. Estan en mis mejillas, aplastadas en mis muñecas. Mi respiración le hace el corillo lento. El sonido del lapicero es el bajo. El tic-tac y el ladrido del perro son los aplausos. Hay pajaritos 'sonando' y apenas es media madrugada.
Se ha callado el perro, mis latidos ya no estan más. Solo el tic-tac que parece eterno. Sé que la bulla del lapicero sobre el papel terminará cuando acabe esto que escribo, que apagaré la luz, miraré en la oscuridad odiando el sonido del tic-tac. Felizmente el cuerpo se cansa y dormiré.
Espero soñar contigo; que somos felices y que así como yo pienso en ti, tú no haces más que hacer lo mismo, pero lejos, donde no hay tic-tacs de mierda resonandote en la cebeza.
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